Pedro la había protegido de los vidrios rotos de las ventanillas del auto. Se había ofrecido a enseñarle a conducir. Había aparecido a tiempo cuando Carlos quería secuestrarla. Varias veces se enojaba con él, pero él la toleraba.
Incluso había propuesto vivir con ella en la misma habitación y pasar un tiempo como una pareja normal. Era absolutamente imposible que Pedro hiciera todo eso en la vida anterior.
—Bella, puedo percibir que Pedro se preocupa por ti. —Alberto dijo—, esa mañana, dijo que