Charlene había perdido así otra ventaja a la hora de competir con Deirdre.
Mientras tanto, Deirdre, quien se enfrentaba a los opresivos ojos de Charlene, permanecía tranquila y serena. Era como si no se estuviera enfrentando a su enemiga, quien una vez deseó matarla. Incluso levantó la comisura de los labios.
"Señorita McKinney, ¿cómo estás? Han pasado unas dos semanas desde la última vez que nos vimos, ¿verdad?".
Charlene recuperó la calma y sonrió. "Lo siento, no te entiendo. Lo que sé es q