Al ver un halo enigmático aparecer fugazmente en los ojos de Patricio, seguido por un tono severo, él me dijo: —María, no puedo creer que seas tan tonta.
Sus palabras cortaron mi aliento, otra vez diciendo que era tonta.
Le respondí de la misma manera: —Para ti soy tonta, por eso ignoras mis sentimientos, haces lo que te da la gana sin pensar en los demás. Patricio, eres tan arrogante, ¿acaso ves a alguien más aparte de ti mismo? ¿Entiendes que los demás también tienen pensamientos, dignidad y d