Estela lo observaba, dirigiendo la mirada primero a Gerardo y luego a Cira.
Ella no era tonta, e incluso era bastante inteligente. Después de todo, no podría haber creado la ilusión de que Morgan seguía sus órdenes con solo unas pocas palabras si no fuera así, llevando a que Cira malinterpretara la situación.
Entonces, en ese momento, ya había comprendido todo. Se recostó contra la silla con una expresión enfermiza en su rostro, pero una sonrisa extraña y abrupta apareció: —Resulta que mi pequeñ