El viento producido por las enormes aspas del helicóptero prácticamente barría el campo, y el paraguas de Gerardo ya se había ido, su traje estaba siendo llevado por el viento.
Gerardo miró fijamente a Cira y dijo: —Cira, ¿vienes conmigo?
En esos breves instantes, un sinfín de pensamientos pasaron por la mente de Cira: ¿Irse? ¿O no? ¿Irse o quedarse? ¿Morgan es sospechoso o Gerardo? ¿A quién cree ella? ¿A quién puede arriesgarse? ¿Puede continuar la investigación si se queda? ¿Puede descubrir la