—¿Este restaurante es propiedad del señor García? Tú puedes venir, ¿pero yo no?
Morgan tomó una silla y se sentó, colocándose justo al lado de Cira.
Los dedos de Cira, que hojeaban el menú, se tensaron ligeramente.
Fermín dijo: —Claro que puede venir, pero ¿por qué el señor Vega tiene que sentarse en nuestra mesa?
Morgan miró fijamente el perfil de Cira: —Porque el restaurante está lleno.
Era una mentira descarada, ya que había muchos asientos vacíos. Antes de que Fermín pudiera decir algo, los