Cira se levantó de inmediato, encontró una rama al alcance de la mano y golpeó la maleza con ella.
Pero no encontró nada.
El viento nocturno movía las hojas de los árboles, produciendo un susurro. Cira levantó la vista y vio que las sombras de los árboles se retorcían en formas extrañas en la oscuridad, como si manos estuvieran balanceándose.
Mirar esta escena extraña durante mucho tiempo hacía que el sonido del viento pareciera el lastimero grito de una mujer.
En su mente, de repente, aparecier