Comienza a doblar sus labios hacia arriba, y los hoyuelos caen en sus mejillas pellizcadas.
—Tú... Dios, Holte, me frustras hasta el maldito final, no tienes ni idea de lo agravante que eres. Ya es bastante difícil acostumbrarse a un nuevo ayudante, sobre todo cuando no se queda mucho tiempo aquí. ¡Pero es aún más difícil cuando eres tú! Eres muy testarudo, y tan malditamente testarudo. ¿Pero sabes qué? Me gusta. Me gusta que te defiendas, incluso a mí. Me gusta que tengas las pelotas para hace