—Elijah…
—Papi —gruñó contra mis labios, mordiendo con fuerza mi labio inferior hasta hacerme soltar un grito suave—. Di lo correcto.
Todo mi cuerpo se estremeció. —Papi…
Gemió dentro de mi boca, como si esa sola palabra hubiera roto algo dentro de él.
—Joder —murmuró, apartándose lo justo para mirarme. Sus ojos ardían, las pupilas dilatadas—. ¿Tienes idea de lo peligrosa que eres, niña?
—Entonces no lo hagas —susurré. Mi pecho subía y bajaba rápido—. No me toques.
Sonrió con suficiencia, su pu