Mundo ficciónIniciar sesión—¿Qué haces? —Su voz ronca me inmoviliza ante el pomo de la puerta como el primer día.
—¿Ahora soy digna de tus palabras? —le digo sin voltearme, no quiero mirarlo.
—No seas niña, Tesoro. —¿En serio?
El muy imbécil acaba de decirme inmadura cuando se la ha pasado todo el tiempo sin decir una palabra.
¡Esto es indignante!
—¿Me hablas a mí? &mda







