EL PUNTO DE VISTA DE DAMIEN
Thomas llegó a las dos el domingo.
Entró por la puerta con el abrigo todavía húmedo de afuera y un tablero de ajedrez bajo el brazo, el viejo de madera que siempre traía, no porque no confiara en que nosotros tuviéramos piezas sino porque ese tablero era parte del ritual.
Elara le tomó el abrigo.
Me estrechó la mano.
Su apretón de manos era el mismo cada vez. Firme, directo, sostenido exactamente un latido más de lo necesario. Era el apretón de manos de un hombre que