Capítulo 5. Llévatela
—Las cosas tienen que cambiar, más ocupaciones, fíjate que tu papá nos alcanzará para irnos por una semana a Australia, ésta noche abandona San Adrián —dice, moviéndose hacia mí, pero no la dejo tocarme.
—No te preocupes si viniste a convencerme, yo obedezco señora —le digo sin mirarle.
La escucho suspirar y sé que no sabe que más decir.
—¿Qué te hace falta? Es como si no fueras feliz, hay personas que pagarían por ser hijos de tu padre, lo tienes todo, tienes a tus padres, ejerces tu carrera..