Punto de vista de Vinicio
Las luces de la sala de emergencias ardían fuertes y blancas sobre nuestras cabezas. Las máquinas lanzaban sus advertencias en un ritmo caótico que coincidía con los latidos de mi pecho. Sostenía la mano de Laurabeth tan fuerte que temía lastimar sus dedos delicados, pero no podía soltarla.
Se veía tan pequeña y frágil en la camilla. Solo tenía dieciocho años cuando concibió a nuestro hijo, y ahora enfrentaba este terror por culpa de las serpientes que nos rodeaban.
—S