Capítulo 53: Siéntete afortunado.
Sus labios estaban apretados, las arrugas de preocupación y dolor marcaban su rostro. El enojo en sus ojos se mezclaba con una profunda tristeza, como si llevara consigo una carga demasiado pesada para soportar.
—¿Por qué habría de alejarme de mi hija?—repliqué, tratando de ocultar el nerviosismo que me invadía.
Eva frunció el ceño, sus labios temblaban ligeramente por la tensión.
—Eres un maldito hipócrita, Nicolás —escupió, sus palabras estaban cargadas de resentimiento y desprecio.
Intenté e