Morgan abrió mucho los ojos, pero entre correr detrás de Stela y ver quién demonios se había metido a su casa, no le quedó más remedio que meterse a la habitación.
—¿Clarice? —gruñó cuando vio a la rubia despampanante tratando de cubrirse con las sábanas.
—¿Y esa quién demonios es, Reed? —gritó la