Amarte es mi condena. Cap. 40: Si no lo hacemos, voy a enloquecer.
—¡Lo que escuchas! —exclamó ella con la naturalidad que la caracterizaba. —¿Pensaste que haría un duelo eterno? ¿Qué escaparía como una damisela en peligro? ¿Qué me refugiaría en casa de mis padres? —rebatió con seguridad—. Pues no. —Miró a Salvador con seriedad—, esos infelices no me iban a ver derrotada, juré hacer justicia y empecé a mover mis piezas.
Salvador la contempló con seriedad por segundos, mantenía sus labios separados, impresionado.
—¿Qué hiciste? —preguntó, sintiendo un escalof