Astrid se limitó a mirar con indiferencia a las dos personas que estaban juntas.
Era ridículo. Olvídalo, hagamos como si nada hubiera pasado en estos tres años.
Pero por alguna razón, las lágrimas fluyeron involuntariamente. Astrid se apresuró a mirar hacia otro lado.
En este momento, especialmente no quería que Marilyn viera esa apariencia suya ahora.
Pero Joshua no quería dejarle marchar.
Dio un paso adelante y le agarró del brazo: –¿Qué acabas de decir?– La voz de Joshua tenía un ligero temb