Capítulo 3. Yo aún conservo cierta fe en la humanidad.
—¿Rámses?. ¡Rámses!.
Sabía que era él. Esas manos, su perfume. Intenté zafarme y escuché su risa mientras evitaba que me soltase.
Soy una tonta, ¿Cómo creí que se perdería el cumpleaños de Gabriel?.
Y ayer… ¡de seguro estaba en el aeropuerto!.
—Rámses por favor.
—¿Quién es Ramsés?
—É Rámses. Y es un tipo allí…
Él soltó una fuerte carcajada y me soltó.
—Con que un tipo allí ¿no?.
Le sonreí y salté sobre él para que sostuviera mi peso en sus brazos.
—Vaya, con que este es el famoso Rámses—dijo de