Nos habíamos quedado en medio de la cama, abrazados y compartiendo el calor corporal en esa helada noche de enero.
Me había recostado sobre su pecho, escuchando con atención el latir de su corazón, volviéndose música para mis oídos con cada segundo que transcurría, mientras charlábamos en susurros sobre cosas triviales, sin los más mínimos deseos de dormir aún.
—¿Por qué estudiaste medicina? —preguntó curioso, mientras acariciaba mi cabello con sus dedos.
—Porque puedo ganar mucho dinero —me r