Mia tenía el ceño fruncido y parecía triste. Ella estaba tan distraída que parecía no haberse dado cuenta de que llevaba un rato observándola. Había notado el momento en que el cambio había sucedido. La conocía bien y sabía cuándo no estaba siendo ella misma. No importa cuánto se había esforzado por mantenerse sonriente, se había dado cuenta de que algo no iba bien.
Quería saber que era y buscarle una solución.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Ella levantó la cabeza y lo miró en silencio por un rato.