Después de dormir un rato, bajé a tomar agua y descubrí que Camilo estaba en mi casa.
Al verme, preguntó ansiosamente:
—¿Te sientes mal en alguna parte?
Viendo que no había nadie alrededor, intentó tomar mi mano.
—Ese día no te abandoné a propósito, es que escuché a Nadia...
Interrumpí sus palabras:
—No necesitas explicar, entiendo.
Puse mis manos detrás de mi espalda, mi rechazo era obvio.
—Lina, aunque ya no seamos pareja, podrías considerarme como un hermano. ¿Por qué actúas así?
—¿Hermano? Y