Narra René.
Me preocupa que, cuando sienta que estará por irse de verdad, vaya a decirle todo lo que he estado conteniéndome.
Tengo la mano puesta en mis bolsillos mientras veo fijamente el teléfono en la mesita de noche.
Son las once de la noche y ya no creo que vaya a llamar o dejar un mensaje.
Me siento idiota.
Debí suponer que el mensaje en la tarjeta más las flores serían la peor forma de hacerle sentir que no tenía por qué sentirse avergonzada de lo que había pasado anoche.
Pero tal parec