—¡Annie! ¡Llegaremos tarde! —me coloco los aretes y salgo lo más rápido que mis pies me lo permiten.
Said se encuentra enfundado en un traje negro que le asienta como un guante en su musculoso cuerpo. Verlo de esa manera es tan hipnotizante que es inevitable no observarlo con detenimiento, alza la mirada y esboza una sonrisa que hace que pierda la poca cordura que tenía.
—Estás hermosa —susurra en mi oído mientras posa su mano en mi cintura atrayéndome hacia él.
Comienza a besarme el hombro