Christine explotó:
—¡Orlando, ¿te atreves a obligarme a disculparme?! ¡Voy a llamar ahora mismo a mamá y papá!
—Si cometes un error, debes disculparte —respondió Orlando con calma.
Christine: “…”
Al ver que él no pensaba ceder, de pronto se llevó una mano a la frente.
—Tina… me siento mareada…
Tina reaccionó enseguida.
—Señor Orlando, puede que Christine no se sienta bien. La llevaré a descansar.
—Ve —asintió Orlando.
Ella soltó una risa fría.
—Así que escapar de la responsabilidad es tan fácil