Se supone que le dije a mi jefe que renunciaba, así que en cuanto llegamos al aeropuerto me bajé lo más rápido que pude para tomar otro vuelo, pero el muy imbéc*l me cargó metiéndome a la camioneta y dijo que no aceptaba mi renuncia ya que había firmado un contrato, ahora que lo pienso ni siquiera recuerdo qué decía ese contrato, pero no tengo cabeza para eso, en estos momentos nos bajamos de la camioneta, casi me da un infarto, porque es el hotel de Antonio.
Tantos malditos hoteles y tenía que