CAPÍTULO 103: MUDANZA.
Después de guardar mis pertenencias en las maletas salí de la casa frunciendo mi ceño al ver a Thomas recargado en su auto. Sé que él no tiene la culpa, pero es inevitable que no me desquite con los demás cuando me enojo, en fin, preferí ignorarlo y caminar hacia el auto, pero él me detuvo sujetándome de mi brazo lo que me hizo mirarlo con mis ojos entrecerrados.
-¿Puedes soltarme? No tengo ganas de estar discutiendo contigo, debo irme. —murmuré tratando de soltarme, pero solo afirmó su agarre