Salieron del hospital sin encontrarse con Sheena, pero su alivio no era no tener que enfrentarse de nuevo a la mejor amiga de la infancia de Denis. Era la sensación de ligereza que tenía en el pecho.
Tenía razón. Obtuvo la respuesta al ver a Denis. Pero, por otro lado, también tenía otro asunto al que enfrentarse y se llamaba Patrick. Allí, por fin admitió los efectos que su marido tenía sobre ella. Y sí, le daba miedo porque no podía decirle sin más:
— Oye, estás empezando a gustarme—, porque