Me reí entre dientes y me senté frente a Bella. “Se parece a la nieve”, rio ella, sin dejar de acariciar a la gatita.
“Puedo jugar mejor contigo”, bromeé, lanzándole un guiño juguetón. “¿Y no puedo opinar sobre si nos quedamos con esta gata?”, pregunté, pasándome los dedos por el pelo.
“Ace, mira qué carita más adorable. ¿Cómo puedes negarte?”, me instó, levantando a la gatita para que lo viera.
Me puse de pie, le puse la mano suavemente en el cuello y me incliné para besarla. Me pasó los