¡Oh no! Esto no podía acabar bien si iba a ver a Armando. Acabarán matándose el uno al otro.
“¡Ashton!”, empecé pero él ya había salido del coche. Abrió la puerta y me agarró de la mano.
“Cálmate, Amore, te prometo que no le pondré un dedo encima”.
Lo miré un poco escéptica. “¿Qué hizo Adam?”.
Ashton rio entre dientes y cerró la puerta. “Ven, mis padres nos esperan”. Agarró nuestras maletas y subimos las escaleras. Solo podía rezar para que Ashton no le diera una paliza a Armando. Estaba pe