Mientras Steve revisaba unos emails y Aurora tomaba un entrenamiento de la compañía en un tablet extra que Steve le había entregado pasaron las primeras dos horas hasta que Matías abrió los ojos y ambos se acercaron de inmediato para verlo.
—¡Papi, Aurora están aquí! —dijo el pequeño con una sonrisa que podía iluminar la habitación.
—Claro que sí, mi niño es una promesa, ¿cómo te sientes? —dijo Steve después de besar su frente.
—Ya mejor pero cansado —dijo muy despacito.
—Es normal mi niño, per