En el siguiente instante, justo cuando Maximiliano se preparaba para ingerir apresuradamente la hierba madre fría para desintoxicarse, ocurrió un cambio repentino.
Unas cuantas agujas destellaban con un frío resplandor, llevando consigo un agudo sonido al romper el vacío. A una velocidad asombrosa, se dirigían rápidamente hacia su muñeca.
—¿Quién me está atacando desde allí?
Maximiliano quedó completamente sorprendido.
Intentó esquivar los ataques de las agujas contrayendo la mano. Sin embargo,