88. De vuelta a la vida
Samira
NO PUEDE SER.
En el instante en que veo a Amir meterse conmigo en el ascensor siento como mi pulso se acelera y hace que todos los malditos recuerdos se aglomeren en mi mente hasta el punto de que ya ni siquiera me entiendo, pues lejos de odiarlo como creía, lo único que quiero es lanzarme a sus brazos.
—¡¿Pero qué estás haciendo!? ¡El ascensor pudo haberte apresado!—le digo, pues no puedo creer que sea tan irresponsable.
A mi lado escucho la risa divertida de mis dos milagros, pues