En la tarde fui al trabajo que tenía y renuncié según en una semana tendrían el depósito de mi dinero.
Al día siguiente hice mi rutina matutina y con el deseo de encontrarme a esa linda señorita de ojos verdes selva, no sé cómo le haré, pero la tendré en mi cama en cualquier momento.
Por más que haya recorrido la playa no la he visto, de pronto Mac sale corriendo y tengo que salir detrás de él.
—Mac que rayos te pasa ven aquí Mac—. Le grito. —Mac, Mac—. Le sigo gritando y nada que se detiene ha