A tan solo tres días de la gala anual de Varela Holdings, todos los funcionarios de la compañía estaban envueltos en una mezcla de estrés y caos poco organizado.
Los ascensores de la compañía no dejaban de subir y bajar, los teléfonos no dejaban de sonar y las salas de reuniones permanecían ocupadas desde primera hora de la mañana.
Y los asistentes corrían de un lado a otro con sus tablets en mano y con una lista de tareas pendientes que debían de estar listas antes del día viernes.
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