Jack llegó a su oficina y, afortunadamente, no tenía una mañana muy ocupada.
Un rato antes del almuerzo le pidió a Morgana que fuera a hablar con él.
Unos minutos más tarde, esos ojos púrpuras lo miraban fijamente, con los brazos cruzados y con una expresión poco amistosa.
—Buenos días, Morgana. ¿Cómo te sientes hoy? —preguntó animadamente, tratando de iluminar el ambiente antes de entrar en el tema.
—Ya sabes, no muy bien. Pero gracias por preguntar —respondió la mujer un poco impacient