El salón de Emma, un auténtico santuario de creatividad. Las paredes, revestidas de estantes de madera oscura, están llenas de libros con encuadernaciones desgastadas. En el centro de la habitación se encuentra un imponente escritorio de roble, cubierto de hojas de papel dispersas y bolígrafos de colores. Una gran ventana deja entrar la luz del día y revela una vista relajante de un exuberante jardín. Una multitud de estantes de pared exhiben trofeos literarios y fotografías de autores famosos.