UNA PETICIÓN O DOS
Aquella noche no dormí. Me quedé en la cama, observándola, intentando sobrevivir a la culpa. El sueño de Manzanita era pesado, aunque su respiración era tranquila. Según la médica, pronto el medicamento perdería efecto y volvería a estar bien. Pero no había dudas de que cada día la estaban drogando. La pregunta ahora era: ¿por qué?
Cuando empezó a amanecer, sentí la espalda dolorida y los párpados pesados. No quería dormir. Pero mi cuerpo no obedecía. Manzanita no podía queda