Sylvia miró en silencio los platos vacíos.
—¿Syl? ¿Por qué no dices nada? Sherry la miró con desconfianza.
—Sherry, ¿es verdad que John no te da de comer? ¿Tú también te obligaste a hacer todo este trabajo de bordado? Sylvia preguntó con frialdad.
La expresión de Sherry se congeló.
—No, no. Me habría muerto de hambre si no me hubiera alimentado. Estoy bordando para pasar el tiempo.
—¿Qué pasa con tu teléfono? ¿Lo confiscaste? —Preguntó Sylvia.
Sherry frunció los labios y empezó a ll