Su marido intentaba sacarla de la difícil situación y también ofrecer una explicación convincente a John y Sherry, con la esperanza de que los dos los perdonaran.
Sophia hizo una reverencia y se arrodilló ante John y Sherry. Sus lágrimas corrieron cuando admitió:
—Sr. Y señora Stockton, es mi culpa. No debería haber sobornado ni lastimado a tu hija. Cometí un error.
John continuó acariciando la cabeza de Caprice en silencio. Sherry, con evidente sarcasmo, observó la situación.
Sabía