El intento de Isabel de tomar represalias terminó con ella torciendo su espalda, provocando que emitiera un gemido de dolor. Flint, con una amplia sonrisa, no pudo resistirse a continuar con sus bromas.
—Jejeje, fallaste, jeje...
El rostro de Isabel se sonrojó y rápidamente salió de la cama. Flint, aprovechando la oportunidad, salió corriendo de la habitación.
—¡Será mejor que pares ahí, gordito! —Isabel gritó, pisándole los talones.
Flint abrió la puerta de golpe y salió corriendo, ma