¡Bam!
El jarrón golpeó de lleno la cabeza de Michael.
En un instante, el hombre cayó al suelo con un fuerte golpe.
Sylvia se levantó y corrió hacia la ventana.
Sin embargo, Michael no se desmayó. Se sentó mientras se cubría la frente sangrante.
Miró a Sylvia con fiereza y gritó a la puerta: "¡Hombres! Agarren a esa perra. No dejen que se escape. ¡Jugaré con ella hasta que se muera!".
Los fornidos hombres que estaban afuera abrieron la puerta y entraron a toda prisa.
Uno de ellos fue a ayu