Su respiración se volvió errática.
Sus ojos…
No podían apartarse de los de él.
—Alexander…
Fue apenas un susurro.
Pero cargado de todo.
De miedo.
De sorpresa.
De emoción.
De dolor.
—Lo sé —repitió él, más cerca ahora— lo sé todo, Helen.
Una lágrima rodó por la mejilla de ella.