**CAPÍTULO 7**
**Jaula dorada**
Permanecí acurrucada entre las sábanas de seda negra destrozadas durante lo que parecieron horas después de que Javier se fuera, mirando a la nada. Mi cuerpo aún dolía, un recordatorio profundo y palpitante de su posesión. Los moretones ya se formaban en mis caderas donde sus dedos se habían clavado. Mi cuello y mis hombros llevaban sus marcas como hierros al rojo.
Las lágrimas llegaron sin aviso. Empezaron en silencio y luego se convirtieron en sollozos feos y