Me quedé mirando mi taza de té. El rostro de Gideon seguía apareciendo ante mí. La intensidad de su mirada cuando dijo que nunca me dejaría marchar. Él me necesitaba.
—Seguramente un lobo grande y fuerte como el Alfa Gideon no necesita aprisionar a una loba encantadora como tú solo para dirigir su manada —Sofía parecía estar leyendo mis pensamientos.
—No sé por qué me necesita —admití—, aparte de para cumplir alguna vieja tradición o algo así.
—Ah —Sofía se levantó de la mesa y fue a la otra