Parte 2...
Isabela
Cuando el carro finalmente pasó por las grandes puertas de hierro de la casa, mi corazón sintió un pequeño alivio.
Quería llevar a Lívia directamente al hospital, pero el conductor no me escuchó y siguió hacia casa. Cuando el carro se detuvo, él salió y abrió la puerta para mí, pero el guardaespaldas que venía en el carro detrás se acercó y me ofreció la mano para salir, luego él mismo sacó a Lívia y la cargó en brazos.
Sentía mi corazón latir en mi garganta de los nervios y