— Dominic Rossi, qué demonios... — Empecé en tono de advertencia, aunque irónicamente en ese momento pudiera hacer todo, menos amenazarlo.
La persona encadenada era yo, no él.
— Mañana te lo diré. — Me prometió en tono seductor, persuasivo. Y, como un listillo, bajó su mano por mi cuerpo, desviando mi atención. — Hoy tengo otras cosas en mente.
Jadeé ligeramente.
— No pienses que voy a olvidar esto. — Avisé.
— No cuento con ello.
— Mañana. — Insistí.
— Mañana. — Aceptó.
No era la respuesta deta