Pero Dominic ignoró mis palabras, inclinándose hacia mí con un brillo deseoso en sus ojos.
— Emm, ¿no te gustaría tener otra niña parecida a ti, mi angelito? — Su tono me fue tan seductor que por poco me sentí convencida por su idea. — ¿No te gustaría tener una niña con ojos negros la próxima vez? Puedo esforzarme más para hacer una, si quieres. — Susurró contra mi oído.
Di un paso atrás, demasiado tentada para mi propio bien por su propuesta desvergonzada. Pero antes de que pudiera irme, me