— ¿Tienes que hablar de lo mucho que los odias ahora, Dominic? — Pregunté un poco irritada, arqueando una ceja con ironía por nuestra situación actual. No era posible que quisiera hablar de los Egorov en un momento crucial como este, ¿verdad? Cielos.
¿Dominic quería qué? ¿Acabar con mi líbido?
— Tienes razón, mi ángel. No hablaré más de ese asunto por ahora. — Cedió dándome una suave sonrisa antes de acariciar mi mejilla con un leve toque. — No es ni el lugar ni el momento para discutir esto