Una de sus manos estaba sobre mi nuca, mientras que con la otra Dominic tiraba de mi cabello con suficiente fuerza para que mi cuero cabelludo ardiera, excitándome. Sentía mi intimidad humedecerse al ser tratada brutalmente.
Su dominio sobre mí y la forma en que me dejaba indefensa al atraparme hacía que mi cuerpo ardiera de deseo. No necesitaba cariño ni delicadeza. Necesitaba su sadismo y oscuridad.
Quería que me hiciera daño, que me golpeara y arrancara de mí todo mi dolor. Deseaba que me de