La noche era silenciosa, solo brillaban las farolas afuera. Casi no había coches ni peatones.
Era un país pacífico, pero debido a su proximidad a la frontera de Hestia, esta zona también era muy inestable. Siempre se producían robos callejeros.
Cuando Adina se asomó al balcón, vio personalmente cómo detenían a dos hombres adultos antes de arrebatarles sus billeteras.
El lugar era un caos total. No era de extrañar que las noticias siempre instaran a los viajeros a no venir aquí.
Se quedó para